Trueque como economía alternativa

Hace cientos de años, el trueque se mantuvo como un sistema económico en las comunidades, pero ¿por qué se abandonó esta práctica recurrente?

El desarrollo de diversos bienes de consumo y el crecimiento comercial fue demostrando la poca practicidad de este sistema ya que no siempre se necesitaba aquello que se disponía. Por ejemplo, si un herrero necesitaba pan, debía buscar un panadero que necesitara algún trabajo de herrería o indagar sobre las necesidades del panadero para saber si requería algún producto al alcance del herrero y poder ofrecer el intercambio.

Por otra parte, la dificultad de determinar un valor exacto de los productos a intercambiar. Una forma de solucionar esto fue buscar productos de referencia que pudieran evaluar los productos, los primeros bienes de referencia fueron el trigo o el ganado. Entonces, era posible establecer el precio de los diferentes productos: por ejemplo, obtener una vaca a cambio de una cantidad establecida de cereales. En realidad, seguía siendo trueque, pero indirecto y más cómodo. A partir de ahí nace la moneda y se fue perdiendo la actividad del trueque en diversas comunidades.

El trueque como construcción social

La difusión del trueque, la reciprocidad y las monedas alternativas pueden ser parte de la construcción social de nuevas relaciones económicas, nuevas formas de producir, distribuir, consumir y desarrollarse, en un plano más general.

Dentro de este plano, no solamente incluye a personas con menores ingresos económicos sino también personas y grupos sociales de distinto nivel social, motivados por un deseo de participación y convivencia.

Esta dimensión también presenta ciertos límites, el hecho de que su difusión supone que las personas y grupos que se integren al proceso pre dispongan de estas motivaciones y anhelos generosos.

Sin embargo, también aquí es posible pensar que estos límites puedan ser trascendidos en la medida que las prácticas se inserten en las dinámicas de la economía de solidaridad y trabajo, que mediante una adecuada demostración de su eficiencia puedan inducir el desarrollo de comportamientos asociativos o solidarios, más allá de los vínculos espontáneos de las afinidades familiares y comunitarias.

En sí, el mercado es una expresión del ser social del hombre, y pone de manifiesto el hecho solidario de que nos necesitamos unos a otros y de que trabajamos unos para otros. Los efectos perversos, lo que constituye “el problema”, es la organización capitalista del mercado.

Economía alternativa

El trueque mantiene un gran significado y valor la posibilidad de circulación de dinero alternativo, que puedan sustraerse al control capitalista, y que eliminen el valor de escasez del dinero.

Ello supone, evidentemente, un proceso de circulación monetaria en que pueda abolirse la tasa de interés. Es importante señalar, que la idea no tiene nada de exótica, habiendo sido planteada por las más importantes corrientes del pensamiento económico contemporáneo.

Dentro de la perspectiva del desarrollo de dineros alternativos, es indispensable disponer de una nueva teoría del dinero, que ponga en evidencia su naturaleza social e intersubjetiva. Entre los aspectos a profundizar teóricamente, tal vez el más importante sea el hecho que el dinero es, esencialmente, no una realidad material, ni puramente simbólica, ni sólo un instrumento de cambio, sino una relación social que supone vínculos de confianza y mutua credibilidad entre los sujetos y actores económicos que efectúan intercambios.

Emitir dinero, dinero alternativo, es la cosa más simple del mundo, cuando hay confianza y credibilidad.

¿Llevarías una vida Zero Waste?

La cantidad de plástico que hemos generado alrededor del mundo desde la década de los 50, momento en el que se empezó a comercializar este material, supera los 9 millones de toneladas, de los cuales solo se utiliza el 30%. El 79% de los plásticos producidos terminan en vertederos, un 12% se incineran y únicamente el 9% se reciclan. Vivimos en un mundo de plástico.

Debido a estas cifras alarmantes, comenzó un movimiento que se convirtió en un estilo de vida.

¿Podemos llevar una vida produciendo cero residuos?

Frente a esta realidad, desde hace unos años existe un estilo de vida cada vez más popular, sobre todo en las redes sociales, denominado movimiento “Zero Waste” o “Residuo Cero”, busca disminuir al máximo la producción de residuos.

La filosofía de esta tendencia es no enviar residuos a los vertederos mediante la revisión del sistema establecido por la sociedad del “usar y tirar”.

El objetivo es reducir tanto la producción de residuos que alcancen un punto en el que se dejen de generar, un compromiso que requiere paciencia pero cuya recompensa es más duradera.

Los cinco principios de este movimiento según los expertos son:

  1. Rechaza: no compres cosas con empaques.
  2. Reduce: consume sólo lo que necesites.
  3. Reutiliza: busca un nuevo uso a objetos desgastados, adquiere productos de segunda mano o reutilizables.
  4. Recicla: para reciclar se necesita energía y recursos, pero es mejor que mandar la basura al vertedero o permitir que se quede tirada en la calle.
  5. Haz composta: hasta el 80% de los residuos por peso son orgánicos. Pero en los vertederos rara vez se convierten en composta.

Los mayores contaminantes

La Comisión Europea advirtió que cuando haya alternativas disponibles y económicas que reemplacen el plástico de los productos de un solo uso, los productos en su lista negra dejarán comercializarse por ley.

Los productos hechos de plástico de un solo uso (single-use plastics) que desaparecerán en los próximos años son los siguientes:

  • Popote
  • Bolsas
  • Vasos, envases y utensilios “para llevar”.
  • Agitadores de bebidas
  • Botellas de agua
  • Bastoncillos de algodón
  • Globos
  • Colillas de cigarro
  • Envoltorios de dulce y otras chucherías
  • Productos sanitarios femeninos

Estos productos solo podrán ser comercializados si son fabricados exclusivamente con materiales más sostenibles como el bambú, la madera, la tela, el vidrio y el acero inoxidable.